La espirulina contiene alrededor de un 57% de proteínas en peso seco, destacando por su excelente perfil de aminoácidos, ya que aporta todos los esenciales con alta biodisponibilidad. Su contenido en glúcidos oscila entre el 8 y el 14%, principalmente en forma de polisacáridos como glucosa, galactosa, manosa y ribosa. Los lípidos representan aproximadamente un 6%, variando según las condiciones de cultivo. Su bajo contenido en ácidos nucleicos la hace adecuada como suplemento incluso para personas con predisposición a la gota. Es rica en pigmentos como el β-caroteno (provitamina A), además de aportar minerales como calcio, zinc, cobre, fósforo, cromo, hierro, manganeso y magnesio. Destaca por su contenido en hierro, que contribuye a la función cognitiva normal, al metabolismo energético, al funcionamiento del sistema inmunitario y a la reducción del cansancio y la fatiga. También es rica en tiamina (vitamina B1), que apoya el metabolismo energético, el sistema nervioso, la función psicológica y el funcionamiento normal del corazón, y en riboflavina (vitamina B2), que contribuye al metabolismo energético, al sistema nervioso, al mantenimiento de mucosas, glóbulos rojos, piel y visión en condiciones normales, al metabolismo del hierro, a la protección frente al daño oxidativo y a disminuir el cansancio y la fatiga.